VISIÓN ESTRATÉGICA DEL DISEÑO GRÁFICO

Hoy el campo del diseño gráfico es un lenguaje que comunica de forma sencilla y menos compleja que antes, y radica su valor en la toma de decisiones de los más importantes representantes de una compañía.

Una imagen puede ayudar a “vender”  hasta temas intangibles que reconfortan el alma, por ello, la gran importancia de una visión estratégica del diseño gráfico. El diseñador puede alimentar la fe, esperanza, solidaridad, unión, paz, que después revalorizará el profesionalismo de su creador. No solo son imágenes, vectores, calados y trazos lineales, sino que la semiótica de los gráficos cobra vida desde una computadora. Una imagen vale más que mil palabras.

Todo comienza con un planeamiento, un horizonte, es decir, hacia dónde queremos llegar o a dónde vamos a ir. Lo que común se conoce como brifear el proyecto y comunicar la idea a los creativos, para que tracen línea imaginarias en sus cabezas y hacer realidad el proyecto.

Desde que se comunica la idea del proyecto en el camino se van  reajustando algunos requerimientos, porque la realidad nos dice muchas veces, que lo pensando no se puede cumplir al 100%, los típicos “imprevistos”, es ahí en el que juega un papel importante el “tiempo” que genera molestias e incomprensión por parte de quienes dirigen el proyecto.

La creación es lo más complejo de la vida, y en esa etapa es dónde se invierte el mayor tiempo, en este caso tiempo es igual a dinero por parte de los inversionistas, pero por parte de los creativos es tiempo igual a obra de arte.

 La parte de mayor dedicación comienza con un segundo planeamiento de estrategias por parte de los creativos, el enfoque, el área de trabajo, la distribución del espacio, las medidas que se van a emplear, es que la cuasi comparación con los arquitectos es similar, ellos diseñan casas, edificios, inmuebles, centros comerciales, entre otros, y los creativos, diseñan vida, lenguaje, comunicación, es decir, obras que comunican.

El diseño estratégico se nutre de una red de conexiones y dinámicas globalizadas, donde confluyen los conceptos y acontecimientos del proyecto: la burocracia, la economía, las corporaciones, las identidades, la investigación, la enseñanza, el consumo, los objetos, los sujetos… convirtiéndose más como pensamiento equipado para plantear interrogantes e interactuar, conociendo lo que se sabe y lo que se desconoce.

 

El pensamiento estratégico permite al diseño navegar por la red, detectar las conexiones, los signos y los rituales, dialogar con los actores humanos y artificiales, así como negociar con las entidades privadas, públicas, políticas y comunitarias.

 

El diseño estratégico debe necesariamente comenzar a partir de un concepto que enuncie con precisión las propiedades materiales e inmateriales del producto, su grado de innovación y, sobre todo, el sentido que pretende transmitir a la gente.

la imagen corporativa de la empresa no se sostiene únicamente por un logotipo, sino por un conjunto de elementos que la define y le da valor, en los que entran en juego elementos como las cartas, embalajes, folletos, cartelería, y sobre todo, la página web, entre otros. Para crear todo ello, necesariamente requiere de las herramientas que le brinda el diseño gráfico. En este sentido, el diseñador gráfico se pone al servicio de una empresa que necesita transmitir a través de la imagen, no solo su mensaje sino también sus valores y su personalidad de manera que al mismo tiempo logre impactar y llegar al cliente.

Suelen decir que nunca hay una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión, de modo que definir claramente lo que queremos transmitir y el modo de hacerlo resulta vital en la decisión final del cliente que reciba nuestro mensaje. Si a un cliente le gusta lo que ve, se sentirá más atraído a consumir el producto, por tanto es necesario que la marca, en primer lugar, entre por los ojos.

A la hora de definir la estrategia comunicativa, a partir de la que se originará su imagen, hay que tener en cuenta:

  • El posicionamiento actual de la empresa o marca.
  • Conocer las impresiones y opiniones del personal interno y externo.
  • Estudiar los puntos débiles, las fortalezas, las amenazas y oportunidades de la empresa. (Análisis DAFO)
  • Analizar a la competencia y sus modos de actuación en materia comunicativa.

Tras la aprobación del departamento y de los directivos de la empresa, se podrá llevar a cabo un diseño en acorde a los aspectos estudiados y a los valores y mensaje de la empresa.

Hay diversas áreas en las que se debe fijar un diseño gráfico concreto para una clara y coherente comunicación de la marca:

Material impreso: cartas, anuncios, folletos, etc. Todo debe seguir la misma línea de diseño.

Packaging: envases, cajas, almacenaje, etc. Muchas empresas han desarrollado técnicas de packaging muy innovadoras y originales que les han proporcionado un alto valor dentro del mercado.

Rotulación

Expositores promocionales

Página web: probablemente el aspecto más importante actualmente, ya que la mayor parte del público se encuentra en Internet, redes sociales, etc., y por tanto, un buen posicionamiento en los buscadores y una buena página web resulta vital para el reconocimiento, la credibilidad, y la imagen de una marca de cara a un cliente potencial.

Un buen diseñador gráfico que inicie un proyecto comunicativo estratégico para una empresa tiene la importante responsabilidad de ser el creador de la cara de la marca. De ahí la vital importancia de conocer a fondo la empresa, su personalidad, sus objetivos, sus valores, etc. Solo de esta manera podrá captar todas sus características y crear así todo el universo material y gráfico que rodea a una empresa.

El concepto y la idea de creatividad es sin duda, mucho más exigente con los que viven de ella. Diseñadores gráficos, escritores, pintores, publicistas, artistas en definitiva, han de ser capaces de dar respuesta a niveles de exigencia muy superiores a los de la mayoría y que no son más que los suyos propios.

Tener una gran idea y convertirla en un buen diseño gráfico es posible si trabajamos para desarrollar el pensamiento analítico; si nos proponemos seriamente volver a preguntar cada vez que sintamos esa necesidad, si analizamos seriamente y diferenciamos lo que es posible de lo que no, si le perdemos el miedo a salir de lo establecido por tonto que parezca.

 

 

 

 

 

 

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